El obstáculo mayor del optimismo es el
sentimiento de inferioridad
El psicólogo
vienés Alfredo Adler ha tratado de echar por tierra la teoría de Sigmund Freud
sobre la causa de la neurosis. Según Freud, las neurosis arrancan de la
represión de una tendencia de orden sexual, en los primeros años de la vida,
que, sepultada en el inconsciente, perturba nuestra conducta. El remedio
consistirá, mediante un psicoanálisis, en sacar a la conciencia ese elemento
perturbador del inconsciente. Alfred Adler, en cambio, encamina sus
explicaciones desde un punto de vista totalmente diferente: él parte de la
tendencia que tiene toda persona de ser estimada, apreciada, del hambre de
consideración... y cuando este sentimiento es atropellado, la tristeza interior
provoca un verdadero conflicto que se traduce en el complejo de inferioridad
(sentimiento de menor valía, compensado con revanchas en las líneas en que uno
se siente fuerte).
Este complejo
de apocamiento –llamémoslo así– es uno de los mayores obstáculos al optimismo.
¿Yo, para qué valgo? ¿Qué sentido tiene mi vida? Soy incapaz de todo... y por
eso nadie me cotiza; no se me considera...
Y de aquí, un
cruzarse de brazos. Al pretender empujarlo a que llene su vida de amor, a que
haga algo útil por los demás... se ve lleno de desaliento. “Lo mismo da que
haga, o que no haga. ¿De qué sirve mi modesto trabajo? ¿Qué va a pesar mi
abstención?... Si yo no me sacrifico nada cambia... No hago falta a nadie. ¿Un
voto más o menos?”... ¡Cuántos apóstoles se frustran... cuántas energías se
pierden! ¡Cuántas almas se amargan!.
San Alberto Hurtao

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